Milei, el monstruito de un mundo que muere
25 de junio de 2024
Ningún imperio cae, definitivamente, sin luchar y mostrar sus peores armas. El mundo de la falsa “globalización”, controlado por unas pocas corporaciones y grupos financieros que tributan a la geopolítica norteamericana, se va muriendo al calor del resurgimiento de los nacionalismos y la multipolaridad.
Por Rodolfo Pablo Treber
En ese tiempo intermedio, en los territorios donde aún ostenta control total, el imperio muestra su peor cara aplicando un proceso de sobre explotación y colonización, utilizando solo a los peores, aquellos personajes que por su espíritu enfermo y narcisista pueden aceptar tan inhumana dirección.
Solo algunos pocos ejemplos de esos engendros, monstruitos de la época, son: quien inició una guerra exponiendo a su pueblo, Volodimir Zelenski; el que dejó morir a su gente durante la pandemia y luego intentó un golpe de estado, Jair Bolsonaro; el criminal y terrorista que desata un exterminio sobre el pueblo palestino y amenaza al mundo entero, Benjamín Netanyahu; y también quien, en nombre de la libertad, riéndose del hambre de su pueblo, va en camino a alcanzar el mayor endeudamiento interno y externo de la historia del país, entregando totalmente su soberanía y permitiendo la explotación sin condicionamientos de los bienes comunes naturales, Javier Milei.
El mundo viejo está muriendo, hay que resistir y vencer a estos monstruitos que emergen como reacción de un imperio en decadencia y, también, pensar la posición geopolítica que debe tomar nuestra Patria en el nuevo mundo que está naciendo para no quedar, nunca más, como instrumento de explotación de una potencia extranjera.
Caída hegemónica, se profundiza la desdolarización global, fin del Petro – Dólar
La caída hegemónica de los Estados Unidos suma uno de los capítulos más importantes desde la descentralización financiera ocurrida luego de la crisis del 2008: tras 50 años del acuerdo bajo coacción que le permitió a los Estados Unidos salir de la precaria situación financiera en la que se encontraba luego de abandonar el sistema de Bretton Woods (emisión monetaria con respaldo en el patrón oro), Arabia Saudita decidió no renovar el pacto que convirtió al dólar en moneda de reserva mundial.
En ese momento, a cambio de “seguridad militar”, se acordó que Arabia Saudita, el principal exportador mundial de petróleo del mundo, usaría dólares para vender el crudo y comprar bonos del Tesoro y así, ayudaría así a financiar los déficits presupuestarios de los Estados Unidos, dándole la posibilidad de continuar su expansión económica vía emisión monetaria. Un mecanismo que, con los años, se extendió a los demás vendedores de petróleo a través de la OPEP.
Luego de la decisión del príncipe Mohammed bin Salman, Arabia Saudita venderá petróleo en múltiples monedas, incluidos yuan, euro, yen, rublos, quitando el más importante ancla y respaldo a nivel global de la moneda estadounidense. Así, y luego de años de indicios comerciales que auspiciaban este final, el dólar dejará de dominar el comercio petrolero.
De hecho, el país arábico ya se encuentra vendiendo petróleo a China usando yuanes y, recientemente, realizó los trámites necesarios para pagos internacionales con el grupo de los BRICS.
Más allá de lo estrictamente técnico, el suceso tiene gran implicancia geopolítica dado que el respaldo petro – dólar sostenía el estatus de la divisa norteamericana como moneda de reserva mundial. En otras palabras, gran parte de la demanda de dólares a nivel global eran consecuencia directa de tener que contar con esa divisa para importaciones de petróleo y sus derivados.
Con este cambio abrupto del comercio internacional, se espera una profundización del desprendimiento del dólar como moneda de reserva con su consecuente debilitamiento, y una expansión del comercio en distintas monedas. La multipolaridad se solidifica en paralelo con la caída hegemónica de los Estados Unidos y el proceso de desdolarización global.
En este punto es importante resaltar la alianza comercial estratégica Rusia – China como factor clave del proceso ya que, las ventas de petróleo de Arabia Saudita a Estados Unidos vienen en descenso (con una caída de más de 70% en 30 años), mientras que las ventas de Arabia Saudita a China muestran un constante ascenso, siendo ahora su principal proveedor. Esto, a la inversa de lo anteriormente explicado con el dólar, potencia a la moneda China (que también se usa para el comercio con Rusia, Irán y Venezuela) y aumenta su demanda como moneda de reserva global.
Derrumbe del dólar
Es de esperarse que estos acontecimientos, acentúen el derrumbe hegemónico del dólar estadounidense que se viene dando, desde hace años, al calor del surgimiento de nuevos bloques comerciales de poder.

En este sentido, el propio Fondo Monetario Internacional, en su último informe, ha admitido la erosión de la moneda estadounidense como refugio de valor a nivel global.
Así se desprende del último análisis realizado por economistas del FMI sobre la Composición Monetaria de las Reservas Oficiales de Divisas (COFER) que apunta a una disminución gradual en curso de la participación del dólar en las reservas de divisas asignadas por los bancos centrales y los gobiernos. Claro que, por razones políticamente evidentes, no muestran los datos en un rango superior de años como el anterior gráfico de IMF.

La dominancia del dólar en las reservas mundiales viene en descenso. Fuente: FMI.
Está claro que la geopolítica económica está mutando hacia el multipolarismo. Los eventos recientes marcarán una aceleración del mismo proceso y generará grandes conflictos diplomáticos respecto de la posición estratégica que tome cada país. El viejo mundo va muriendo; las guerras, la aparición de nuevas ultraderechas, la sobre colonización de territorios dominados por el imperio en decadencia, son síntomas dolorosos de la gestación del mundo nuevo que tarda en aparecer.
En este contexto es urgente y necesario aportar, desde todos los ámbitos de la militancia, a la organización popular para que la resistencia, y la nueva etapa, encuentre a una alternativa nacional, popular y revolucionaria como fuerza política inevitable en el futuro de la Argentina.